Comunidades

Carta a una madre

Capítulo 4 del libro «El camino del amor» de Carlos Cabrera.

“Las crisis son la única oportunidad que él tiene para darse cuenta que el consumo es siempre pérdida y sufrimiento”

Quiero ser lo más honesto posible en un tema muy delicado.

Si su hijo consume drogas y es mayor de edad, déjelo que consuma y no impida que él viva el efecto total y pleno de esa experiencia.

Déjelo vivir esa euforia que le regala el consumo a modo de anzuelo, se encontrará con ella en la entrada del túnel.

Si consume cocaína sus pupilas se dilatarán y su ritmo cardíaco aumentará. El pensará que todo va bien y se sentirá una persona realmente importante. Será locuaz e inteligente, divertido y carismático.

Luego, de a poco, comenzará  a ponerse en hipervigilancia. Perderá el control de su mandíbula y ya casi no podrá hablar. Sus ojos se agrandarán para recibir toda la información posible, con la sensación de que algo terrible va a suceder. Buscará verificar por horas esas sospechas amenazantes entre mirillas de puertas, ojos de cerradura y cortinas de ventanas.

Pronto seguirá el recorrido del efecto, entrando a una especie de arena movediza de depresión, que aumentará con el tiempo.

A todo esto puede que siga consumiendo como una forma de intento de salir de esa trampa, pero cuando más quiera escaparse más se hundirá.

Se sentirá sólo mientras se terminan de apagar las luces de su fiestita interna, ya no hay nada qué mirar,  solo un techo eterno lleno de culpa y vergüenza.

Déjelo que él viva esa experiencia en plenitud y no se interponga, porque enseguida se dará cuenta que gastó el dinero que no era de él, o que tuvo que pedir préstamos e inclusive que tuvo que vender cosas de su propiedad, o de la de usted.

No interrumpa el efecto de la droga que todavía hay más. Quizás falte al trabajo y tenga que hablar y enfrentar a su jefe para rendir cuentas. Y también es probable que no tenga alimentos para comer, ni dinero para llegar a fin de mes y por ahí tampoco tenga ni para cargar la Sube.

Pero por favor, no interrumpa el proceso, deje que él sienta la pérdida en su totalidad, déjelo que lo sienta en carne propia, así como lo dejó en la euforia, que sienta hasta el último gramo de la disforia. Esta también es parte del efecto de las drogas.

No se enoje con él, simplemente anímelo a que reponga lo que se llevó, que se haga responsable de las consecuencias y escúchelo sin juzgar, hágale preguntas de cómo se siente para que él pueda registrar bien lo que le está pasando, pero no lo saque de ese estado. No le compre cosas, no le dé dinero, no reponga lo que él destrozó, no lo justifique con las demás personas, ni hable en su nombre con su jefe o su pareja. No sufra por él, que entienda que usted está ahí para acompañarlo en su sufrimiento pero que no le robará las crisis, porque éstas son la única oportunidad que él tiene para darse cuenta que el consumo es siempre pérdida y sufrimiento. Si usted no le quita  la posibilidad de aprender de la experiencia entonces así aumentan las posibilidades de que él pida ayuda.

Si usted le roba la única oportunidad que él tiene de darse cuenta, lamento decirle que sólo le esperan tres finales posibles: La cárcel, los hospitales y la muerte, y usted solo se quedará con lo robado, con ese sufrimiento que no era suyo y que ahora sí, y para siempre.

Carlos Cabrera: Consultor Psicológico especializado en desarrollo personal y adicciones – Director del programa +VIDA – Escritor – Entrenador profesional – Capacitador

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