Si pinta un pipazo, que pinten los cuidados: una mirada territorial sobre la reducción de daños

 

En Plaza Garay se realizó una jornada de reducción de daños y entrega de kits. Desde Nueva Cultura Despierta compartimos una mirada comunitaria sobre el cuidado, el acompañamiento y la necesidad de acercar las intervenciones allí donde están las personas.
El pasado 23 de septiembre, desde las 18 horas, la Plaza Garay fue escenario de una jornada bajo la consigna “Si pinta un pipazo, que pinten los cuidados”, organizada por AMMAR y la Asociación de Reducción de Daños de Argentina (ARDA).
La propuesta incluyó una olla popular y la entrega de kits de reducción de daños, acercando herramientas de cuidado e información a personas que atraviesan situaciones vinculadas al consumo.
Desde Nueva Cultura Despierta entendemos que experiencias como esta también abren una discusión necesaria sobre cómo pensamos los consumos problemáticos y, fundamentalmente, cómo intervenimos desde la comunidad y el territorio.
REDUCIR DAÑOS TAMBIÉN ES CUIDAR
Hablar de reducción de daños significa partir de una realidad concreta: hay personas que consumen y que, en determinado momento de sus vidas, quizás todavía no puedan o no quieran abandonar ese consumo.
Frente a esa realidad, la intervención no puede limitarse únicamente a esperar que la persona deje de consumir para recién entonces acercarnos.
También es necesario preguntarnos:
¿Qué está viviendo esa persona?
¿Qué riesgos está atravesando?
¿Qué podemos hacer para disminuir esos riesgos?
¿Cómo podemos acercarnos sin estigmatizar?
Un kit de reducción de daños no debería entenderse como una invitación al consumo. Desde esta perspectiva, representa una herramienta de cuidado: si una persona está atravesando una situación de consumo, su vida y su salud también importan.
Y llevar herramientas de cuidado al territorio significa reconocer que la prevención también puede comenzar allí donde las personas viven, trabajan, se encuentran y construyen sus vínculos.
NO JUZGAR PARA PODER ACOMPAÑAR
Desde nuestra experiencia comunitaria sostenemos que una persona no puede quedar reducida a una etiqueta.
Detrás de un consumo hay una historia, una familia, vínculos, conflictos, necesidades, capacidades y también posibilidades de construir otros caminos.
Por eso, no juzgar no significa estar de acuerdo.
Acompañar no significa habilitar.
Cuidar no significa negar la existencia del problema.
Significa poder acercarnos a una situación compleja sin que el prejuicio cierre de antemano la posibilidad de intervenir.
Muchas veces, el primer paso no es resolver. Es escuchar.
EL TERRITORIO COMO ESPACIO DE PREVENCIÓN
Desde Nueva Cultura Despierta trabajamos desde una perspectiva que entiende la prevención y la salud mental como construcciones comunitarias.
Por eso consideramos fundamental que las estrategias de cuidado puedan llegar a los espacios donde se encuentran las personas y no depender exclusivamente de que sean ellas quienes lleguen primero a una institución.
Una plaza, un club, una iglesia, una organización social, un comedor o cualquier espacio comunitario pueden convertirse en lugares donde se genere una conversación, se detecte una situación de riesgo, se brinde información y se construya un vínculo.
La intervención territorial también consiste en abrir puertas.
Puertas hacia la escucha.
Hacia la información.
Hacia el acompañamiento.
Hacia la familia y la comunidad.
Y, cuando sea necesario, hacia otros dispositivos especializados de atención.
CUIDAR TAMBIÉN ES INTERVENIR
La reducción de daños nos invita a pensar la prevención desde una perspectiva que no abandone a las personas mientras atraviesan una situación de consumo.
No siempre podremos resolver inmediatamente un consumo problemático.
Pero podemos hacer algo.
Podemos acercarnos.
Podemos escuchar.
Podemos informar.
Podemos detectar riesgos.
Podemos fortalecer vínculos.
Podemos acompañar.
Podemos construir comunidad.
Y eso también es intervenir.
Porque desde Nueva Cultura Despierta entendemos que la prevención no se construye solamente desde los discursos, sino también poniendo el cuerpo en el territorio, generando vínculos y acercando herramientas de cuidado a quienes las necesitan.
Información, prevención y toma de conciencia.
Ese es también el desafío: construir una comunidad capaz de cuidar sin estigmatizar, intervenir sin abandonar y acompañar sin dejar a nadie solo frente a sus dificultades.